Hace 20 años, en enero de 1986, dos programadores de origen paquistaní, Basit y Amjad, abrieron la caja de Pandora del mundo digital: crearon el primer virus informático. Su infecciosa creación, a la que bautizaron como “Brain” –aunque también se le conoció como “(C) Brain”–, se transmitía a través de un floppy (disco magnético flexible) y afectaba principalmente el funcionamiento del sistema operativo de una máquina.
Desafortunadamente, la mala idea no pasó inadvertida. Por el contrario, potenciada por el vertiginoso avance tecnológico de la última década (internet, e-mail, comercio electrónico, conexiones inalámbricas), la mala obra se ha consolidado como una amenaza para cualquier persona que usa un sistema informático o de telecomunicaciones. En dos décadas, el mundo ha visto el surgimiento de virus informáticos como Melissa (1999, entre US$ 300 y US$ 600 millones en daños estimados a nivel mundial), I Love You (2000, entre US$ 10.000 y US$ 15.000 millones) o Sobig.F (2003, entre US$ 5.000 y US$ 10.000 millones).
Durante estos primeros 20 años de virus digitales, Latinoamérica tiene un saldo que incluye tanto el papel de victima y de victimario. Según expertos de Trend Micro y McAfee –proveedores globales de seguridad informática–, un rasgo que distingue a Latinoamérica es el ritmo con que se expone a nuevas amenazas informáticas, lo que depende de la velocidad con que los países van instalando nueva infraestructura tecnológica. Y el avance tecnológico en la región es una tendencia irrefrenable. “En Latinoamérica se entiende que una empresa puede estar sin computadora; pero sin ella, el negocio difícilmente crecerá”, apunta Alexis Garberis, director para el sector Small Business de Trend Micro Latinoamérica.
Por eso, como cualquier otra región del mundo, desde una perspectiva tecnológica, Latinoamérica –que cuenta con casos tan avanzados como Chile y áreas no tan desarrolladas como Centroamérica– no puede alardear de territorio seguro. Incluso, hay detalles que distinguen a las amenazas digitales que se gestan y circulan por la región.
Amenazas de ayer y hoy
América Latina avanza en la incorporación de tecnologías de vanguardia. Pero en seguridad, “aunque sigue las tendencias mundiales, nuestros monitoreos señalan una fuerte reincidencia de virus antiguos”, afirma Garberis, de Trend Micro. Es decir, Latinoamérica debe preocuparse por vulnerabilidades asociadas a su pasado tecnológico.
En todos los países –incluyendo los más avanzados–, los proveedores de herramientas de seguridad siguen detectando infecciones y problemas prácticamente erradicados (según Trend y McAfee) en otros lugares. La razón: equipos, servidores y computadoras personales que siguen usando versiones antiguas de sistemas operativos y aplicaciones; en particular, máquinas basadas en Windows 95 (PC) y Windows NT (servidores).
Sin embargo, en desarrollo de nueva infraestructura tecnológica, es una de las regiones del orbe con mayor actividad. Países como México, Brasil, Chile, Argentina y Colombia avanzan en la adopción de conexiones a internet de banda ancha, servicios inalámbricos de vanguardia y plataformas para desplegar servicios electrónicos.
Así, con el impulso en la penetración de los servicios de banda ancha, los virus y ataques del pasado reciente poco a poco se irán borrando. “Cuando tienes acceso de alta capacidad a internet, vas a querer una nueva computadora, una que sea ideal para aprovechar el servicio”, apunta Dan Molina, evangelista y estratega de seguridad de McAfee Latinoamérica.
Mentes criminales
La mala noticia es que el avance tecnológico, al mismo tiempo, abrirá la puerta a peligros informáticos más dañinos y sofisticados, exponiendo, con mayor amplitud, a los países latinoamericanos a la elite actual del crimen digital: hackers, spammers, ladrones de identidad, propagadores de spyware, creadores de virus, destructores de páginas web, ladrones de dinero electrónico.
Otro rasgo característico de la región: los usuarios y empresas más actualizados, según investigaciones de Trend Micro, usan muchos antivirus y aplicaciones de seguridad de origen pirata, lo que limita la calidad y el rango de la protección. Además, en las empresas hay poca conciencia sobre la necesidad de mantener una defensa permanente y organizada de los sistemas.
Estudios de Trend Micro y McAfee usan el ejemplo de los productos de Microsoft, la plataforma dominante en todo el mundo y, por lo tanto, la más atacada. Cuando se descubre una nueva vulnerabilidad, la empresa de Bill Gates difunde los patches necesarios para mantener la integridad de la aplicación. Frente a otras regiones del mundo, reconocen los ejecutivos entrevistados, Latinoamérica posee un promedio bajo de descarga de patches.
La poca atención al tema de los patches, dicen los expertos, refleja una cultura informática que aún no pone suficiente interés en el factor seguridad. El panorama regional señala niveles distintos: “Hay países como Chile, muy tecnificados, pero con un bajo nivel de conciencia; en Brasil y México hay conciencia, pero falta conocimiento; y hay casos como Colombia, donde hay un altísimo nivel de conciencia y habilidad, pero porque el tema seguridad, en todos los niveles de la sociedad colombiana, ha sido una prioridad”, dice Garberis, de Trend Micro.
Brasil y México son los países, según McAfee, con niveles más altos en actividad criminal informática. Hasta hace poco, las agresiones se desarrollaban principalmente en el ámbito local. “Mexicanos atacando empresas mexicanas; brasileños atacando brasileñas”, explica Molina. Correspondían a un perfil político o de vandalismo de poca importancia. Por ejemplo: inhabilitar el servicio de correo electrónico de una universidad, distribuir un virus en una red de oficina, aplicar un grafiti electrónico en la página web de una empresa.
Pero, al contar con accesos a internet de mayor capacidad y más empresas en el comercio electrónico, las mentes criminales van por el dinero. “Estamos aprendiendo de los rusos y los chinos, ahora hay más interés por los beneficios económicos que de explotar una vulnerabilidad”, afirma Molina, de McAfee.
Además, los hackers latinoamericanos empiezan a ser temidos en Europa, Asia y Estados Unidos. Según un reporte de la firma Websense, en Brasil, a mediados del año pasado, la policía detuvo a una organización criminal que, distribuyendo un virus vía e-mail, robó US$ 37 millones de cuentas bancarias de todo el mundo.
El futuro sólo augura mayores sustos, dicen los expertos de Trend Micro y McAfee. Por supuesto, habrá respuesta de los proveedores de soluciones de seguridad; pero ellos mismos reconocen que enfrentan a rivales talentosos que han encontrado una mina de oro en el dinero electrónico. De momento, y a 20 años de la aparición del primer virus, la mejor recomendación es “estar al tanto del lugar que se visita, y estar conscientes de lo que se hace ahí”, dice Molina. Y los latinos deben esforzarse para aprender lo más pronto posible.
Fuente: www.americaeconomia.com


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